Quien da un te quiero
a ritmo de semicorcheas
vendería tu alma
por un útero de mejor aspecto.
Pero no es peor
que cualquier pollo deprimido
que vacía sus ambiciones
en un gesto fugaz
olvidando asi
todo en lo que creyó algún día
o el futuro que quiso imaginar.
Bésale allegremente
y guárdalo en la vitrina,
y mañana
elige cualquier otro.
Olvídate de ellos,
individuos lamentables
de cabellos rubios prestos,
solo ambician ácidas ocasiones
aprovechándose del momento,
para no desaprovechar sus años
de florecimiento constante.
Qué opinas tú?
Quiero que me quieran adagio.
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