el rubiales escribiendo

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martes, 13 de marzo de 2012

Miguel

Cuando Miguel volvió de Afganistán era una persona completamente cambiada. Sus historias pueden ser oídas si precisa un corte de pelo masculino al estilo militar. Enfrente del Travertino se encuentra su pequeño negocio. Amigos intímos que conocieron a Miguel antes de la guerra contaban que su sueño era ser bailarín de claqué, de hecho se le daba de maravilla. Su hermana solía tocar canciones de charleston y Miguel las interpretaba bailando. Una de las historias que contaba, a cualquiera que se prestase a escucharle, era la de cuando consiguió salir de un campo de minas con vida gracias a la danza. Interesante don le había dado dios, y le salvó el pellejo en varias ocasiones. Personas cercanas a Miguel afirmaban que tras la guerra había adquirido extrañas costumbres tales como hacerles cortes estilo militar a todos y cada uno de los que pasaban por la peluquería, pero nadie rechistaba. Otra costumbre peculiar era la de desayunar todos los días vainas rellenas de mantequilla de cierva y mojarlas en té con bicarbonato, pero eso parecía ser más bien un problema familiar. También adquirió algunos vicios, casi inevitables cuando uno se encuentra en condiciones como son las estar en medio de una guerra: Se aficionó demasiado al olor de napalm (solo podía sentirse atraído por mujeres que huelan a tal), rechazó la heroína, sin embargo nadie pudo librarle de los pistachos, su familia le ha tratado de ayudar mucho con este último vicio, pero la guerra es así.

1 comentario:

Thegroucher dijo...

War, war never changes...
http://www.youtube.com/watch?v=_mcJAI6oRYY