Tenía la respuesta delante de sus narices todo el tiempo, durante
toda su vida, siempre supo cual era su vocación, pero quiso ignorarla,
tiempo le costó darse cuenta.
Dante, hijo de unos prestigiosos ornitólogos irlandeses, nacido en un pueblecito de Nueva Jersey, decidió hacer algo significativo con su vida a la tierna edad de cuarenta años.
Orgullosamente licenciado en derecho llevaba su vida por un buen camino, tenía una pareja estable con la cuál se mudó a Manhattan para formar una familia. Encontró rapidamente trabajo en un bufete de abogados que le proporcionaba ingresos de sobra para que su mujer, Grace, pudiera dedicarse a críar al recién nacido.
Sus primeros años fueron felices, el pequeño Jay crecía sano e inocente, Grace cuidaba bien de él, pero con el tiempo, empezó a notar el clásico vacío de ama de casa, que resolvió facilmente a base de valiums. Pero Dante también notaba el vacío de la rutina, y para él no fue tan fácil resolverlo.
Dante pasaba todo el día fuera de casa debido a su trabajo, llegaba por la noche cansado, y a pesar de las adversidades que
tiene que aguantar cada día un abogado penal, nunca descargó sus
inquietudes con su familia, salía del trabajo y trataba de no pensar en
ello. Pero cada día notaba una sensación de odio a las personas, tenía
que defender ladrones, asesinos, violadores.. como si él no supiera que
eran capaces de volverlo a hacer, pero ese era el trabajo para el que
había sido adiestrado, y tenía que guardarse sus propias opiniones.
Una tarde de primavera, volviendo de trabajar, iba caminando por su barrio, Upper East Side, y notó algo extraño en el ambiente, oyó unos sonidos que no asociaba con nada que antes hubiera escuchado, venían de Central Park.
Había una zona vacía, sin nadie alrededor, los sonidos provenían de un
árbol aparentemente muy viejo,lleno de flores, y entre sus ramas
retorcidas había unas figuras amarillas, eran pequeños pájaros, desconocidos para Dante.
-Para su pequeño tamaño y reducido número hacen muchísimo ruido.-Pensó Dante.
Era
extraño que esa zona del parque estuviera tan vacía, que nadie se
hubiera acercado por el sonido al igual que Dante. Aunque tan solo era
una familia de pajaritos amarillos.
Esa noche, en la cama, Dante
se puso a recordar los libros sobre pájaros que le leían sus padres
cuando era pequeño, sus borrosas memorias de la infancia estaban
repletas de pájaros, pero Dante nunca se había parado a pensarlo. Él no
había mostrado el más mínimo interés por el trabajo de sus padres, pero
ahora todo estaba volviendo.
-Pájaros, que extraños seres.-Pensó Dante. Y le vino a la memoria la cita de Harun Yahya:
"Siempre me pregunté porque los pájaros eligen estar en el mismo sitio
cuando pueden volar a donde quieran en la Tierra, luego me hago a mí
mismo la misma pregunta."
Dante meditó hasta quedarse dormido. Por la mañana, mañana de domingo, estaba solo en casa. Grace se había ido con Jay a
pasear, se tenían el uno al otro, estaban muy unidos y Dante estaba
aislado. Mientras se levantaba de la cama, escuchó el extraño sonido
otra vez, venía de su ventana, al otro lado estaba uno de los pajaritos
amarillos, picoteando el vidrio. A Dante le hizo gracia el comportamiento del
pequeño animal y abrió la ventana. El pajarito entró, tenía una herida
en el cuello con forma de quemadura, un círculo, a Dante le dio pena.
Se le quedo mirando a los ojos y empezó a cantar el sonido. Dante
encontró algo raro en su canto, no era como silbidos o graznidos y se dio cuenta
de que algo pasaba. Podía entender lo que el pájaro le decía, no era
ningún tipo de lenguaje secreto, simplemente entendía la intención de
cada nota que se escurría por el pico del animal. El pequeño amiguito tenía hambre, ese fue el primer mensaje que Dante interceptó. Fue a
la cocina y le trajo pan. El pájaro comió, y agradecido continuó con
su discurso. Tras comentarle a Dante lo bien decorada que tenía la casa
le dijo que se vistiera, que tenía que ir con él.
Dante decidió hacerle caso y bajaron a la calle. El pájaro le indicó que fueran al árbol de Central Park donde vivía su familia. Cuando llegaron, el pájaro informó a sus compañeros que habían encontrado al elegido.
-Espera, ¿Qué es eso del elegido?. Preguntó Dante sintiéndose algo fuera de lugar y un poco excitado.
El
pájaro le explicó a Dante que el no era como los otros humanos, que el
entendía la naturaleza, y en el fondo sabía que la vida que estaba
viviendo no tenía sentido, que estaba perdiendo el tiempo y por eso
tenía que ayudarles. Dante meditó un momento, "¿Qué narices estoy
haciendo? Unos pájaros tratan de darme clases de filosofía y yo estoy
aquí perdiendo el tiempo con ellos". Dante se marchó frustrado y algo
descolocado a su casa. Cuando llegaron Grace y Jay comieron todos juntos y Dante no mencionó su experiencia.
Tras
un par de semanas, Dante había intentado no pensar en lo que le habían
dicho los pájaros, aunque no fueran muy desacertados, pero tenía un
trabajo, una familia y una buena vida, ¿por qué iba a estar perdiendo el
tiempo?
Pero cuando llegó al bufete le encomendaron un caso: tenía que defender a un pirómano que había quemado unos árboles en Central Park.
Dante
se temía lo peor, cada caso así era un disparo a su moralidad, pero
este le había superado. Al salir de trabajar volvió a pasar por el
rincón vacío de Central Park,
el árbol de los pajaritos estaba negro, seco y sin hojas, los pájaros
no estaban, Dante se sentó en un banco de al lado que también estaba
medio quemado. No estaba meditando, ni pensando, simplemente se sentó y
se quedó quieto con los ojos cerrados, estaba confundido. Una joven se
acercó a él y le dijo que era una pena lo del árbol de los pájaros
amarillos. Dante sorprendido le preguntó si a ella también le hablaron,
ella asintió, se sentó junto a él. Sacó una pitillera y se puso a fumar
, le ofreció un pitillo a Dante, que dudosamente aceptó.
-Sabes,
esos pájaros me dijeron que habían encontrado a un elegido, que podía
escucharles y que pensaban que les ayudaría.. -Dijo la joven
-¿Ayudarles a qué
-Bueno,
esos bichos tenían un montón de ideas revolucionarias, son una especie
que se creía extinta. Esa familia debía de ser la única que quedaba en
la Tierra. Querían repoblar el mundo, pero ahora ya da igual, murieron
con el árbol.
-Es una cosa de locos.
-En fin, si te apetece hablar de esto estaré por aquí.- La joven se apagó el pitillo en el cuello, se levantó y se fue.
Dante se quedó sentado, pasmado sin decir nada, en el poco rato que pasó con la joven sintió algo que hacía mucho que no sentía, se sintió vivo.
Las semanas siguientes Dante dejó de ir a trabajar, se pasaba las tardes en ese rincón de Central Park esperando con volver a encontrarse a la joven, pero no aparecía.
Un día cuando Dante llegó a casa, Grace le
acusó de estar tramando algo, había recibido llamadas de su jefe
diciendo que si seguía sin presentarse al bufete lo despedirían, y al
ver la pasividad de Dante sobre el asunto lo echó de casa.
Entonces Dante se encontraba en medio de la noche, solo, sin familia, sin trabajo, y lo único que tenía en mente era ver a la joven con la que había sentido aquella conexión especial, y fue al sitio de siempre.
Durmió
tumbado en el banco la noche. Cuando se despertó tenía posado encima al
pajarito amarillo que le observaba mientras dormía. Dante, sin moverse,
lo miró durante un instante, y se fijó en la herida del cuello, una
quemadura redondeada.
-Tú.... eres...- susurró Dante.
El pajarito asustado se fue volando, y Dante ya lo entendía todo.
Pasó mucho tiempo, y Dante esperaba en el banco al pajarito, pero no volvía. Grace pasó con Jay caminando por el parque, pero no reconocieron a Dante, a estas alturas ya tenía el aspecto de un vagabundo y no el de un respetable abogado.
Dante se dio cuenta de estúpida apariencia y decidió cambiarla. Fue a
una tienda de disfraces y compró uno de Paco Pico de Barrio Sésamo,
pues su imagen le recordaba a la de los pajaritos amarillos.
Cuando llegó al banco del rincón de Central Park vió que en él estaba sentada la joven, esperándole, al verle vestido así se ruborizó y sonrió. Dante con sus nuevos ojos de pájaro miró a la chica y le dijo:
-No tienes que huir más, quédate conmigo.
Y así fue, la joven se quedó con Dante, por eso a veces se ve a un gran Paco Pico con una chica andando por Central Park.
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