el rubiales escribiendo

el rubiales escribiendo

martes, 9 de agosto de 2011

En el momento exacto cuando la madre dijo que tenía prisa y que era hora de marcharse un millón de agujas se le clavaron en la garganta, un escozor le subía desde el cuello hasta los ojos y no pudo evitar fundir la tristeza a través de ellos. Estiró los brazos temblorosos rodeándole por el cuello mientras él la agarraba por la cintura, se abrazaron fuertemente durante poco tiempo y se besaron.
Cuando llegó a casa dejó las cosas a los pies de la cama y se tumbó encima. Dejó marcas negras en la almohada de el rimel corrido tras haber llorado hasta quedarse dormida. Unas empáticas nebulosas se apoderaron del subconsciente para no permitir imágenes melancólicas durante el sueño, duró poco.
Al despertarse deseó encontrarse en un planeta lejano y que alguien le dijera "seca tus lágrimas y vallamos a casa". Pero no había ni ese alguien ni casa,
Te quiero

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