Cuando llegó a casa dejó las cosas a los pies de la cama y se tumbó encima. Dejó marcas negras en la almohada de el rimel corrido tras haber llorado hasta quedarse dormida. Unas empáticas nebulosas se apoderaron del subconsciente para no permitir imágenes melancólicas durante el sueño, duró poco.
Al despertarse deseó encontrarse en un planeta lejano y que alguien le dijera "seca tus lágrimas y vallamos a casa". Pero no había ni ese alguien ni casa,
Te quiero
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