Bueno, antes que nada quiero aclarar que no tenía ningunas ganas de suicidarme. No estaba deprimido y mis condiciones durante mis 18 años de edad siempre habían sido medianamente favorables.
Comencemos por el empiece:
Acababa, por fín, de terminar bachillerato y decidí buscar un piso para poder independizarme y una vez asentado, empezar una carrera. Era adulto por fin y quería vivir solo, mis padres tambien me habian impulsado ligeramente a hacerlo, ya que parece ser, que tener quince peceras con carpas sibaritas coloradas alrededor de toda la casa incrementaba la dulzura con la que a mi padre se le ponía la tarjeta en números rojos a mediados de mes. Lo malo de las carpas sibaritas es que no aceptan comer nada que no haya estado vivo en las últimas 4 horas, las peores eran las acomplejadas por las revistas de moda para peces, los kois japoneses se mostraban esbeltos y eso dejaba en mal lugar a las carpas. "Me siento gorda", me decían algunas. Es una pena que las carpas tengan la autoestima tan baja. El caso esque yo, junto con mis peceras, ejercíamos grandes gastos para mis padres.
Encontré un piso en un barrio cerca del centro de la ciudad, era luminoso, venía con la cocina amueblada, tenía balcón y unos 20 metros cuadrados interiores, y las ventanas daban a un hermoso patio en el cual, por unos capuchones que encontré tendidos, deduje que compartiría con unos amables vecinos que celebraban la semana santa bastante a menudo.
Una vez establecido en mi nuevo hogar necesitaba un trabajo. Este fué el paso más dificil. Lo intenté todo:
Por la mañana, el primer día después de asentarme fuí a los establecimientos del barrio, probé primero en una tienda de productos de mala calidad a muy bajo precio pero me exigían haber sido oriental por lo menos durante 3 años. Luego encontré una tienda de ropa en la que hacía imitaciones de grandes marcas, durante la entrevista noté al encargado un poco tenso, no paraba de llorar y me intentó robar la cartera tres veces, ví que había un futón y una taza de café en medio de la sección de manoplas de imitación de Vivienne Westwood, estaba viviendo allí. Al salir de la tienda almorcé una bolsa de doritos y vermouth y decidí probar suerte en una empresa de seguros que necesitaba un difundidor de publicidad. Lo último que recuerdo fué estar entrando por la puerta y cuando desperté me faltaba medio pulmón. Supuse que no me habían dado el puesto. Estuve toda la tarde recorriendo tiendas por el barrio, incluso por los barrios vecinos, aunque en la mayoría de las empresas judías me rechazaban nada más mostrarles mi dirección, "extraño" pensé.
Siempre me he considerado buena persona, pero no tengo una gran paciencia, al igual que mis padres: cuando me intentaron enseñar a andar estuvieron durante todo el día sujetandome las manos para que me apoyara en las piernas, pero ese día no aprendí, se cansaron y decidieron ponerme el biberón en lugares altos para que aprendiera a andar yo solo. Estuve un tiempo alimentándome de los restos de comida que se le caían al canario de la jaula al suelo y tuve un poco de anemia, pero al cabo de tres meses ya conseguía la comida yo solo.
Después de todo el día buscando trabajo me cansé y me metí en un cine x. Solo tenía una sala húmeda y fría, y apenas había gente dentro. La película que ponían no era pornográfica, pero si censurada en televisión o cines comunes por lo que se veía, era Sister act. Me enteraría meses después de que hay una serie de películas que decidieron prohibir en la televisón porque, según los denunciantes, "hay ciertas películas que con verlas 6 veces al año es suficiente", en las cuales aparte de Sister act incluían: Delta force, Al diablo con el diablo, Que bello es vivir (esta última permiten emitirla un día durante navidad), Men in black.. etc
Me quedé hasta la mitad de la película pero me entró hambre, pasé por la tienda de alimentación china en la que me rechazaron como empleado, compré una lata de mejillones, unas botellas de cerveza y me fuí a casa a darme el festín. Dentro de la lata de mejillones encontré el trozo de pulmón que me faltaba, no les denuncié porque me daban pena y tampoco sabía tan mal. Me tomé 5 cervezas y me sentí preparado para tomar una decisión, pero antes tenía que ir al baño. Después cojí un pitillo y me asomé a la única ventana que daba al exterior en aquel balcón que comía dos metros de mi amplio piso, estuve pensando.
-A este paso nunca voy a tener un curro, no podré pagar el alquiler y no podré darles la vida que merecen a mis pequeñas carpas.
Vacié el resto de la última cerveza en una de las peceras y medité.
-Tengo que ir a la cárcel, allí puedo dormir, comer y vivir perfectamente, y todo gratis.
Para ser una decisión que tomaba a partir de medianoche y con 5 cervezas detrás consideré que no estaba tan mal, lo escribí en un papel y me dormí tirado en el suelo.
Cuando desperté me limpié la baba, tiré al váter a los peces que no habían superado la resaca y desayuné un poco del pulmón conjelado untado en queso filadelfia acompañado de vinagre de módena.
Encontré una nota en la que ponía "vive en la cárcel" y debajo de la nevera encontré el cuerpo, aparentemente sin vida de una mujer judía.
-Vaya, me he perdido una parte de la noche. Pensé.
Pero la mujer muerta no había sido asesinada, tenía cólera, pero esa es una historia que debe ser contada en otra ocasión.
Eran las 12 de mi segundo día de independiencia y me había dado por vencido en a lo que buscar trabajo se refería, ahora tenía otro deber, y este era ir a la cárcel.
Me vestí y bajé a un parque a unas manzanas de mi piso. Tenía que cometer un delito para que me metieran en la cárcel. Busqué mi objetivo, ví un grupo de señoras andando a un paso comparable con el de un remero cojo, desde el banco en el que me encontraba sentado le tiré una piedra en la cabeza a una de ellas, pero su moño amortiguó el golpe y la piedra quedó en medio de su pelo enlacado, ahora la piedra viviría allí para el resto de sus días. Un poco humillado miré a los lados a ver si alguien había observado tal penoso intento de vandalismo, pero solo unos patos en un estanque tenían la mirada fija en mi. Me acerqué a ellos y me contaron que no conseguiría matar a las señoras del parque, habían sido creadas con una tecnología genética resistentes a cualquier arma actual, era inútil, los patos lo habían intentado infinitas veces.
-"Señoras no" pensé.
Entonces crucé la calle hasta una tienda de armas que divisé desde el parque.
-Buenos días (Exclamé)
-Aquí no se saluda así. (Respondió el dependiente Irlandés)
Me disparó en el pecho con una metralleta que expulsaba canicas de gormiti y salí de la tienda.
"Vaya" pensé. Conseguir un arma hoy por hoy tampoco parece un trabajo fácil.
No me encontraba con ganas de comer, peró fuí a la tienda de alimentación donde me vendieron los mejillones empulmonados y compré un paquete de pistachos. Estos venían con un trozo de mejilla de bretón, pero tenía su punto. Fuí al centro de la ciudad, a la calle principal a ver si algún policía me veía cometiendo algún acto considerado políticamente incorrecto. Tiré la bolsa de pistachos al suelo y rapidamente aparecieron dos hermosos chicos con cara de querubines con el pelo medio rapado por un lado y flequillo por el otro, unas grandes gafas sin graduación y unos zapatos de montañista con tacón. Me empezaron a decir que Brahma no estaría contento de que arrojase bolsas de pistachos en medio del asfalto porque los elefantes de Alaska tenían ciertas reacciones alérgicas con el plástico de dichas bolsas, luego me dieron un pequeño discurso acerca de los dojos abandonados por la falta de osos panda en japón y terminaron concluyendo que sería un gasto inútil para un inútil placer seguir manteniendo el tranvía en uso.
Después de ese pequeño discurso dudé de la sexualidad de esos chicos y decidí que serían mis víctimas.
Les agarré por la pechera y los llevé colgando hasta la estación de tren, eran bastante ligeros. Una vez allí esperé a que pasara el tren para arrojarlos a las vías. No tuve que esperar ni dos minutos hasta que un policía se me acercó y me dió la enorabuena, la gente me aplaudía mientras susurraban "a ver si así limpiamos esta ciudad de pusilánimes". Me llevaron a comisaría y me entregaron un pin de Curro Jiménez, que poco tiempo después me enteraría que el valor de esta chapa impedía a cualquier autoridad de detenerme sea cual fuere mi conducta, pero de aquella se les olvidó informarme y estuve toda la tarde de ese domingo cometiendo actos bandálicos. Esa misma noche, al llegar a casa ví que el cadáver de la mujer de debajo de mi nevera se había transformado en una vistosa flor con colores que jamás había visto, pero antes de que pudiera sacarle una foto llegaron unos extraños hombres trajeados con bastante prisa, se la fumaron y se fueron. Me quedé solo viendo el canal de la teletienda mientras bebía cervezas durante toda la noche, al despertarme estaba rodeado de un grupo de hombres pertenecientes al kukusklan que esperaban con ansia mi despertar para pedirme amablemente una aspiradora que parece ser que había encargado esa misma noche, se la presté y se fueron. No de muy buena gana me hice un colacao, me puse a ver la tele y estaban poniendo Austin Powers, decidí acabar con mi vida en ese instante.
Sin embargo mi alma sigue en pié, de vez en cuando voy a asilos y leo cuentos y doy consejos a los que me quieren escuchar y tras haber estado 4 años en corea, ahora tengo un puesto fijo en el alimentación del barrio.
1 comentario:
Me gusto mucho.
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