el rubiales escribiendo

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lunes, 25 de junio de 2012

Días de verano

La joven y despreocupada mujer sostenía, entre una pequeñísima duda, con los dedos resbalándose del vidrio la esperanza de por fín alejarse de el maldito día que había tenido. Vida normal, rutina normal, compañeros normales pero una profunda agonía existencialista repentina que le atacaba cada vez que no estaba distraída, algo que ocurría pocas veces ya que su trabajo, aficciones y problemas para mantenerse despierta más de 8 horas seguidas le robaban la mayoría del tiempo que le quedaba libre, pero cuando eso ocurría era lo peor. Notaba como descendía entre los vapores de los minerales fundiéndose y las burbujas de lava explotaban salpicando pequeñas gotitas ardiendo que le golpeaban la blanca piel de sus brazos, entonces caía, abajo y lloraba, lloraba, gritaba y lloraba porque era de algo que nadie podía consolarla, el trauma de nacer, el trauma de vivir. Pero entonces se quedaba dormida, y al día siguiente como si nada seguía con su vida. Es algo que todos los seres humanos afrontan inconscientemente, como respirar o parpadear de manera automática. Pero esta noche no tenía ganas de llorar, había tenido probelmas concretos, problemas de verdad y simplemente quería olvidarse de todo y poder dormir, pero problemas más grandes vendrían entonces. Acariciando el vidrio húmedo notó algo raro al tacto, no era como siempre, pero no paró a pensarlo, se acercó el vaso a la boca, y entonces... la cerveza estaba caliente, fué horrible.

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