Bautizado así mismo como Flannagan, el joven y partical hijo de las tierras
galaicas, emprendía su viaje a Gran Bretaña para tener apasionantes aventuras,
una de ellas es esta:
Corría el año 78 y era una fría y lluviosa noche en Oxford. El joven
Flannagan estaba en un piso agenciado por el colegio mayor, con sus amigos Eric
Young, Stephen O'Brian y gente de relleno que no viene al caso.
Mientras practicaban actividades típicas entre jóvenes, como comentar las
distintas texturas de las esfinges mientras bebían champán, la señora
Hermitrudis Húmero, la casera que vivía en el piso de abajo, timbró al portal.
Flannagan silencioso como las olivas cuando rezan, fué hasta el recibidor y le
abrió la puerta.
-Creo que me dejé las llaves en el abrigo de los jueves.
-No hay problema, pase señora Hermitrudis.
La señora Hermitrudis tenía las húmedas pupilas mirando al coche de Eric
Stills aparcado en la calle, y al pelo alborotado de Flannagan, (cabe señalar
que la señora Hermitrudis tenía cierta deformidad facial que le proporcionaba
una visión de 360 grados).
Cuando Flannagan volvió arriba con sus compañeros para terminar la partida
de esfinges, Stephen le preguntó que había ocurrido.
-Nada, la señora Hermitrudis se olvid....
-¡¿La Señora Hermitrudis?!
Ante el repentino impacto que causó el nombre de la anciana en la expresión
facial de Stephen, Flannagan supo que algo malo pasaba. De repente, empezaron a
oír golpes en la puerta, cada vez más fuertes.
-¿Qué ocurre?
-¡¿No sabes lo del jodido Transexual?!
-¿De que diantres hablas?
-¡Es carnicera!¡Tiene cuchillos!
Stephen, asustado fué corriendo a impedir que la señora Hermitrudis entrara.
Flannagan pudo ver el miedo en la mirada de Stephen. Él nunca se asustaba, ni
siquiera cuando su tío lo intentaba violar cada San Patricio.
-¡Rápido, tenemos que poner el armario contra la puerta!
Cuando Eric y los demás iban a por el mueble Flannagan pensó que luego no
tendrían manera de salir, entonces escucharon los pasos de la señora
Hermitrudis que subía hacía el altillo.
-¡Corred, ahora!
Rápidos y vivaces como croquetas muertas bajaron las escaleras y se subieron
al coche de Eric, que afortunadamente arrancó a la primera. (Siempre tenían
problemas para arrancar el coche, sobre todo en las gasolineras, Flannagan
empujaba por detrás mientras trataban de hacerlo andar).
Corriendo calle abajo se dirigían a casa de Neil Clapton, un amigo de
Stephen.
La señora Hermitrudis, conocida como el Almirante Rutherford cuando estaba
en la armada, les observaba con su mirada fría y panorámica desde la ventana de
la cocina.
Flannagan y sus amigos consiguieron llegar sanos y salvos a casa de Neil, se
colaron en su casa y durmieron en su salón, por aquel entonces la gente no
cerraba las puertas de las casas y dejaban las tartas en la repisa de la
ventana sin miedo a que nada malo pudiera ocurrir.
De esta historia podemos sacar una moraleja sobre nuestro sitio en el
universo, pensad cuál puede ser antes de
iros a dormir o mientras haceis el amor con vuestra mujer.
Basado en hechos reales
1 comentario:
Las ventanas tienen repisa, no requisa.
En cuanto a "el joven y partical hijo", no tengo ni la más remota idea de lo que significa partical.
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