el rubiales escribiendo

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jueves, 26 de julio de 2012

Nicole Diver es libre

Luchaba contra él con su dinero y la certeza de que su hermana le detestaba y estaba creando nuevos enemigos con su resentimiento; oponiendo su ágil astucia a la lentitud de él provocada por el mucho comer y beber vino, su salud y su belleza al deterioro físico de él, su falta de escrúpulos a la tendencia de él a moralizar. Para aquella batalla interna se valió incluso de sus puntos flacos, y luchó con arrojo y valor utilizando la loza vieja, las latas y las botellas, recipientes vacíos de sus pecados expiados, sus afrentas y sus errores. Y, súbitamente, en el espacio de dos minutos salió victoriosa y se justificó ante sí misma sin necesidad de mentiras ni subterfugios, cortó el cordón umbilical para siempre. Y al andar sentía debilidad en las piernas y sollozaba sin sentimiento alguno, pero se dirigía hacia el hogar que por fin era suyo.

Dick esperó hasta que desapareció de su vista. Entonces apoyó la cabeza sobre el parapeto. El caso estaba concluido. El doctor Diver era libre.

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